La nación en la voz de una mujer: La emancipada (1863) de Miguel Riofrío

La emancipada es considerada la primera novela ecuatoriana; en ella se articula una crítica al orden patriarcal y clerical de la época a través de una voz femenina en búsqueda de su libertad.

SALA DE ENSAYOS

Diana Sánchez Luna

9/20/202613 min read

Para hacer hablar a la nación fue necesario entregarle la palabra a una mujer y quitársela después de haberla pervertido.

Fernando Balseca

Dieciséis años antes de la emblemática Cumandá de Juan León Mera, apareció la que es considerada la primera novela ecuatoriana: La emancipada. En el presente ensayo se analizarán aspectos de su publicación. Se revisarán las condiciones de publicación de obras narrativas ecuatorianas surgidas en dicha época y cómo estas responden al proyecto de nación y las transiciones entre las ideologías imperantes de los siglos XIX y XX: republicano, conservador, liberal, etc.

Para este propósito, se ha tomado en cuenta el contexto histórico-social en que se inscribe la novela, pero también a su autor, Miguel Riofrío (Loja, 1822) que se opuso abiertamente al régimen de Juan José Flores, luego al gobierno de García Moreno y se adscribió de cerca a la intelectualidad ilustrada, impulsada por la Revolución Marcista (1845) que, derrotada dos décadas más tarde, le costaría el exilio de por vida a Riofrío que falleció en Lima en 1879. En ese ambiente de fractura política y la desafiante búsqueda por la patria liberal, intelectuales como Riofrío manifiestan fuertes convicciones a través de su escritura. En este caso, a través de la ficción, dándole vida al personaje de Rosaura, una mujer condenada por la estructura patriarcal a un matrimonio arreglado y que encuentra en este un área gris para liberarse de las ataduras impuestas por la sociedad machista de la época.

Muy poco se ha podido rastrear acerca de la primera publicación y edición de la novela de Riofrío, dado que es escaso el material que detalle su aparición. Sin embargo, se mencionarán sus ediciones posteriores y cómo esto la volvió parte del canon literario ecuatoriano. Revisaremos también pormenores de la trama de la novela para señalar las referencias importantes a la sociedad de la época y mostraremos qué revelan las acciones de los personajes sobre los valores imperantes en una República del Ecuador apenas naciente. Por último, se abarcarán  los paralelismos entre el personaje de Rosaura y otra figura histórica decimonónica importante para la historia de las mujeres en la literatura ecuatoriana: Dolores Veintimilla de Galindo. Estas figuras denotan rupturas con el pensamiento conservador que relegaba a la mujer a una posición de marginalidad y silencio en la sociedad; la discusión subraya por qué rebelarse les significó el escarnio social y, en consecuencia, anticipó un destino fatal.

Según los materiales consultados, principalmente estudios como el de Fernando Balseca (“En busca de nuevas regiones: la nación y la narrativa ecuatoriana”) o la introducción a la edición de 1974 hecha por el H. Consejo Provincial de Loja que logró rescatar la novela y otros escritos de Miguel Riofrío del olvido literario en que se hallaban, La emancipada se publicó por primera vez en 1863 como folletín de prensa, en el diario La Unión de Quito. En ese entonces, el periódico era el soporte más accesible para publicar narrativa, ensayo y crónica, porque permitía circulación rápida y aprovechaba una infraestructura ya existente. Recordemos que, en tiempos previos a la independencia, se introdujo la primera imprenta al Ecuador en el siglo XVIII, específicamente a la ciudad de Ambato en 1754; sin embargo, no era de libre acceso, se reservaba para fines religiosos y existía un intenso control y supervisión de la Iglesia Católica. Más adelante, con Eugenio Espejo, aparece el primer periódico nacional en 1792, Primicias de la Cultura de Quito, que inicia la era de la prensa y, con ella, la difusión masiva de los cuestionamientos de orden social y posteriormente la idea de nación.

En el siglo XIX, durante la república, en la prensa y la imprenta se colaba la literatura, lo que hizo posible lo que Balseca (2001) define como la transdiscursividad, “un mensaje que deja permear determinados cometidos independientemente del afán político en el cual se encuentran inmersos sus autores”. Balseca añade que esto puede contradecir la idea de que la literatura sea un reflejo exacto de la sociedad y, por ende, de sus nociones ideológicas. Lo cierto es que, en La emancipada de Riofrío, se amalgaman distintas vertientes que revelan el ambiente social y político de la época, pero también las reservas propias del autor, así como la voz de un personaje femenino oprimido en busca de su libertad. La publicación de esta novela ocurre años antes de Cumandá (1879), la novela costumbrista/romántica de Juan León Mera, considerada por antonomasia la novela fundacional ecuatoriana. Aunque a su aparición las separen relativamente pocos años, sus publicaciones se dan en condiciones completamente distintas.

En el caso de Riofrío, no hubo una dedicación propiamente dicha a siquiera pensar La emancipada como un libro, más bien parecería que utilizó la literatura como un vehículo, se sirvió del ejercicio creativo para hacer conocer los nuevos ideales propios del liberalismo y, a su vez, adoctrinar en un sentido moralizante a la sociedad de la época. Hay que hablar también del medio en que se dio la publicación: la prensa quiteña. Es todo un hito que Riofrío haya conseguido publicar una novela del corte de La emancipada en la cuna del conservadurismo y en la cúspide del mandato de Gabriel García Moreno, con la poca libertad de prensa y la censura que seguramente había. Lo liberal debía encontrar caminos alternos, que fue lo que debió encontrar Riofrío en el diario La Unión de Quito. En el libro Historia de la comunicación social del Ecuador: prensa, radio, televisión y cibermedios (1792-2013) se enuncia que:

También por esto, las condiciones en que se publicó Cumandá fueron tan distintas a las de La emancipada: Mera gozaba del privilegio de estar del lado del oficialismo y, a su vez, contribuir con su intelecto y creatividad a la construcción de la nación. Además, la cercanía de Mera por haber nacido en la ciudad de la primera imprenta, Ambato, muy probablemente le facilitaron este cometido. “No es obra de la casualidad el hecho por el cual la novela ecuatoriana encontró su momento de fundación públicamente reconocido en 1879, con Cumandá” (Balseca 2001).

No es sino hasta 1974, a cinco años del centenario de la muerte del autor, que La emancipada vuelve al foco de los editores y los estudios literarios. Gracias a los esfuerzos investigativos de Espinosa Sigcho, se imprime bajo la dirección editorial de Adolfo Coronel, en los talleres Offset Graba, por fin una edición en paperback de La emancipada. Esta también reúne muchos otros de los textos del autor, además de contar con un prólogo y estudio de Alejandro Carrión. Lo que le permitió a la obra insertarse en el canon literario y constituirse al fin como lo que es: la primera novela ecuatoriana propiamente dicha; en el prefacio de la edición de 1974 se dice: “Como un débil homenaje a la memoria del gran lojano el doctor Miguel Riofrío, publicamos La emancipada, cuyos documentos e investigaciones se deben a la acuciosa devoción de Espinosa Sigcho que ha contribuido a situar la obra del doctor Riofrío en el puesto que le corresponde.”

La novela en sí es de muy corta extensión; tiene un argumento fácil de seguir y el ritmo de la narración está marcado por la intensidad de los hechos. Desde el título podemos encontrar una connotación al yugo patriarcal de la época en que se inscribe el personaje principal, del cual busca liberarse. Rosaura es joven, huérfana de madre, hogareña y apacible, y vive bajo el yugo de Don Pedro, su padre estricto y dogmático. La obra comienza en un escenario festivo religioso; el pueblo de Rosaura celebraba la festividad de la Circuncisión, y esto había atraído a un visitante de la capital: Eduardo, un joven escritor y enamorado de Rosaura, con quien tenía planes para casarse a futuro. Sin embargo, el padre no permitiría este matrimonio. Al morir la madre, Rosaura se había vuelto el blanco de acusaciones por haber recibido de ella la educación en letras; la madre había sido profesora normalista de la escuela lancasteriana de Loja e instruyó a su hija en la práctica de la lectura y la escritura, algo no bien visto ni por la iglesia ni por la sociedad, ya que la mujer debía ser educada solo para fungir sus roles de esposa y madre.

En esta apertura ya se dejan ver las posturas políticas que va a retratar el autor, “[…] no por casualidad, la hegemonía paterna sintoniza bien con la hegemonía clerical católica, aspectos ambos criticados por Riofrío a través de su narrativa” (Terán, 2025). A la representación de esta crítica se le une otro personaje: el cura. Este confabula con el padre para pactar el matrimonio de Rosaura con don Anselmo, un desconocido, a sus espaldas. Esto derivó en una fuerte discusión entre Rosaura y su padre, en la que, después de haber amenazado a un criado y a su hija de muerte, Rosaura accede a la voluntad de su padre.

La ceremonia se llevó a cabo; ambos dieron el sí. El padre y el cura se daban por triunfantes. Pero para sorpresa de todos, Rosaura abandonó la iglesia al instante en que acabó la boda, y cuando su padre pide explicaciones, esta le contesta: “Yo tenía que obedecer a Ud. hasta el acto de casarme porque la Ley me obliga a ello: me casé, quedé emancipada, soy mujer libre: ahora que don Anselmo se vaya por su camino, pues yo me voy por el mío”. Con una pistola en mano, se alejó del lugar con rumbo desconocido.

Terán (2025) explica: “Las semánticas del concepto ‘emancipada’ aluden tanto al proceso libertario independentista como al recurso legal que brindaba a los hijos la posibilidad de esquivar, bajo ciertas condiciones, la ‘patria potestad’, una figura jurídica que garantizaba el predominio del poder patriarcal en el contexto familiar y en la sociedad de la época.” No obstante, el narrador de la obra, no muy distante del mismo autor, ofrece un desenlace que no puede ser otro que el castigo y la desgracia. Las vertientes de pensamiento amalgamadas en el discurso de Rosaura sí son propios del liberalismo, brindan soporte al laicismo en la educación y al desafío a la opresión política (Balseca 2001), pero todo esto no puede venir de una mujer, ya que rozaría “los límites del radicalismo absurdo, que raya en la demencia por no querer reconocer término a la libertad, y por confundirla, torpemente, con el libertinaje y la licencia” [1].


Si bien se atribuye la existencia de Rosaura como un personaje de ficción, no se puede evitar el paralelismo con las mujeres reales del siglo XIX, que no solo vivieron situaciones similares, sino que tuvieron desenlaces iguales o más punitivos. Dolores Veintimilla, la poeta ecuatoriana autora de “Quejas”, fue de igual modo excluida de la sociedad letrada, a causa de su pensamiento y manifestación a través de la escritura en defensa de los indígenas, “subalternizados como ellas y excluidos del proyecto nacional republicano” (Terán 2025). Dolores escribe “A mis enemigos”, una respuesta a las calumnias causadas por su “Necrología”; un escrito en el que se indignaba por la sentencia hecha a un indígena al que se le acusaba de parricidio. Con esto, causó una gran conmoción, tocando de lleno a la sociedad conservadora y católica, misma que comenzó a atacarla con todo lo que tenía. Lo que ella padeció se refleja en este poema, en el que se lamenta de la injusticia, el irrespeto que le tienen, así como el hecho de que quieran acabar con su forma de pensar. Las acusaciones, desagravios, calumnias y denigraciones que sufrió Dolores a raíz de este suceso la llevaron al suicidio a los 28 años de edad.

En conclusión, tanto Dolores como Rosaura fueron librepensadoras, voceras de las injusticias y que fueron en contra del dogma católico al no atenerse al silencio al que quisieron tenerlas sometidas. Miguel Riofrío puede no haber compartido esta idea de inclusión de la mujer en la sociedad, pero se sirvió de una voz femenina para expresar su sentir más liberal y anticlerical, ya que él mismo lo era: fue perseguido político en el régimen de García Moreno, que habló y escribió repetidas veces en contra del conservadurismo que, para entonces, quería instaurarse como la única forma de pensar posible en la república. Balseca afirma: “Lo que en verdad emancipa a Rosaura a pesar de morir en el relato es la posibilidad de hablar desde una posición diferente a la norma; devela, además, la capacidad por la cual en este nuevo registro novelesco los personajes hablan a pesar de que sus autores, de antemano, quieren condenarlos al silencio.”

Es así que la aparición de La emancipada en 1863 se dio en condiciones editoriales precarias y periféricas frente al lugar que ocuparía Cumandá. Esta diferencia no responde a razones estrictamente literarias, sino a las posiciones políticas ocupadas por cada autor: mientras Riofrío escribió desde el exilio y la disidencia liberal, Mera lo hizo desde la comodidad del oficialismo conservador, lo que explica en buena medida por qué una novela fue canonizada rápidamente y la otra permaneció décadas al margen de la historia literaria nacional.

Luego, el análisis de la trama y del personaje de Rosaura permite constatar que la novela, aunque escrita por un hombre desde una posición ideológica masculina, articula una crítica al orden patriarcal y clerical de la época a través de una voz femenina. Sin embargo, esta crítica se encuentra limitada por el propio desenlace de la obra: la muerte de Rosaura funciona como un mecanismo narrativo que castiga la transgresión, revelando los límites del proyecto liberal decimonónico en lo que respecta a la emancipación real de las mujeres. La comparación con el caso de Dolores Veintimilla de Galindo refuerza este hallazgo, al mostrar que las consecuencias del rechazo al silenciamiento impuesto a las mujeres, tanto en la ficción como en la vida real, tendían a ser fatales. Finalmente , se evidencia que la prensa decimonónica ecuatoriana funcionó como el principal soporte de circulación de estas primeras narrativas nacionales, lo cual condicionó tanto su forma como su alcance, y confirma la estrecha relación entre proyecto editorial y proyecto de nación en el Ecuador del siglo XIX.

A partir de estos hallazgos, se sugiere que futuras aproximaciones al tema profundicen en al menos dos direcciones. Por un lado, sería valioso ampliar el corpus comparativo incorporando otras narrativas y voces femeninas del periodo, para precisar con mayor detalle los alcances y los límites del discurso liberal respecto a la mujer. Por otro lado, resultaría pertinente examinar con mayor detenimiento las condiciones materiales de circulación de la prensa quiteña del siglo XIX, así como el papel de instituciones editoriales posteriores, como el H. Consejo Provincial de Loja, El Conejo y Libresa que también editaron La emancipada, en la construcción retrospectiva del canon literario nacional. Este tipo de estudios permitiría una mejor comprensión de cómo se entrelazan los procesos editoriales con la construcción simbólica de la nación ecuatoriana. 

[1] Fragmento tomado de los documentos adjuntados a la edición de 1974 de La emancipada, en este caso, la hoja suelta publicada en Lima el día de la muerte de Miguel Riofrío, en el que se hablaba de sus propios ideales y espíritu “eminentemente liberal”, pero que muy claramente tenían sus límites. No es difícil asociarlo con su personaje femenino y el final trágico que le dio: la prostitución y la muerte.

Bibliografía

Balseca, Fernando. 2001. “En busca de nuevas regiones: la nación y la narrativa ecuatoriana” en Antología. Crítica literaria ecuatoriana. Hacia un nuevo siglo, comp. Gabriela Pólit Dueñas. Quito: FLACSO Ecuador.

Checa Godoy, Antonio, María de las Nieves Vidal Romero y María Luján González Portela. 2026. Historia de la comunicación social del Ecuador: prensa, radio, televisión y cibermedios (1792-2013). Madrid: Dykinson, 2021. eLibro

Terán Najas, Rosemarie. 2025. “La Emancipada o el significado de la República en la vida de las mujeres del siglo XIX” en De la sublevación a la participación: las mujeres en la historia del Ecuador, siglos XVIII-XX, coord. Ana María Goetschel. Quito: FLACSO Ecuador.

Riofrío, Miguel. 1974. La emancipada. Loja: H. Consejo Provincial de Loja. Recuperado de: https://dn790006.ca.archive.org/0/items/LaEmancipada/La%20Emancipada.pdf

Riofrío, Miguel. 2010. La emancipada. Quito: Libresa, colección Antares.

Fotografías

Lucio, B. (2019). Estatua de Afrodita, Museo Británico.

Diana Sánchez Luna, (La Libertad, 1998) es Licenciada en Literatura por la Universidad de las Artes y egresada de la Maestría en Edición de la Universidad Andina Simón Bolívar. Es editora, correctora e investigadora del sector editorial ecuatoriano. Ha publicado el artículo “Creación, desarrollo y subsistencia de las editoriales independientes en Ecuador. Caso La Caída Editorial y Cadáver Exquisito”.

Estatua de Afrodita, Museo Británico, Bolivar Lucio.

La historiografía del periodismo ecuatoriano ha sostenido que durante la época de dominación garciana la función de la prensa habría quedado rezagada al periodismo oficialista debido a las cortapisas impuestas a los periodistas para ejercer el derecho de la libertad de imprenta (Hallo, 1992). Y es que el periodismo era el mejor camino para fustigar a los bandos opuestos y defender los propios ideales. […] Juan León Mera, coterráneo de Montalvo, aplaudía la política conservadora en el periódico La Patria (6 de septiembre de 1865) y de alguna manera respaldaba el ideario garciano del Estado-nación ecuatoriano. Mera escribió el definitivo himno nacional del Ecuador, que, junto con la restituida bandera “gran-colombiana”, en colores amarillo, azul y rojo, y el escudo de armas, fueron fijados como símbolos patrios. Estos constituyeron dispositivos fundacionales de suma importancia para forjar un sentimiento de pertenencia nacional e identitaria (cfr. Moyano, 2008). (Checa et al., 2026)

Una semana después de haber sepultado a mi madre, cuando todavía estaban mis ojos hinchados por las lágrimas, recogió mi padre todos mis libros, el papel, la pizarra, las plumas […] y volvió para decirme: Rosaura, ya tienes doce años cumplidos; es necesario enderezar tu educación, aunque ya el arbolito está torcido por la moda; tu madre era muy porfiada y con sus novelerías ha dañado todos los planes que yo tenía para hacerte una buena hija; yo quiero que te eduques para señora y esta educación empezará desde hoy.

La trama femenina de esta novela trasunta el desencanto político de Riofrío. La mujer letrada que apuesta por su emancipación no imagina que la breve autonomía lograda es ilusoria, porque es mujer y por lo tanto no admisible en el marco de la nueva república. El suicidio de Rosaura, su cuerpo sometido al escarnio público, la muerte intranscendente de su madre, revelan que la modernidad liberal republicana, en su fase nacional, implicó un camino sin salidas para las mujeres (Terán 2025).

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