¿El último regreso de los Beatles?

McCartney es el mejor fan que tienen los Beatles. Se ha dicho ⎯y con justicia⎯ que todos los discos post Seargent Pepper existen por su impulso y entusiasmo. Años atrás, antes de las cintas de Yoko, cuando le preguntaban si los Beatles se reunirían, McCartney contestaba: “You can’t reheat soufflé” (“no se puede recalentar el suflé”)...

MIRADAS

Bolívar Lucio

1/16/202612 min read

¿El último regreso de los Beatles?

1

Un día cualquiera hace cincuenta años, John Lennon se grabó cantando al piano unas nuevas canciones en la sala de su casa. Podemos imaginar que lo hacía para recordarlas, porque podía ser desprolijo reproduciendo acordes o repitiendo letras; en todo caso, no para una posteridad que él no podía imaginar.

Salto a los años noventa y los Beatles sobrevivientes obtienen de Yoko Ono esas cintas que había grabado John apoyando la grabadora sobre el piano. Hacía poco que los Beatles habían sido inducidos al Rock and Roll Hall of Fame y que su discografía completa había aparecido en CD con auspiciosos resultados de ventas. En ese tiempo (1988), George Harrison formó los Traveling Wilburys un supergroup entre los que contaban Bob Dylan y Roy Orbinson. Según George, ellos primero tuvieron la idea de que podrían grabar una pista instrumental sobre la voz aislada de Elvis Presley y sacar un sencillo que propusiera la imposible reunión de estrellas (Elvis murió en 1977).

Al cabo de dos décadas, las disputas de negocios se habían resuelto; Paul, Ringo y George empezaron a verse amistosamente. Hablaban y cenaban junto a sus esposas, y decidieron retomar una idea que se le había ocurrido en 1970 a Neil Aspinall, jefe de Apple Records: contar la historia de la banda desde sus propias voces. Al principio faltaba perspectiva histórica; no solo ocurría que, luego de disolverse, los Beatles no se hablaban entre ellos, sino que sus recuerdos estaban afectados por conflictos aún demasiado vivos. Veinte años después, las cosas habían cambiado. Entre 1991 y 1994 concedieron las entrevistas que serían la base del documental y, algo más importante aún, empezaron a grabar nuevos temas.

Ese fue un evento trascendental. Por primera vez desde 1970, –cuando George, Ringo y Paul (Lennon había dejado la banda el otoño anterior) grabaron los overdubs de «I Me Mine»–, los Beatles, más la voz en cinta de John, grababan un nuevo tema. En noviembre de 1995 se estrenó el documental Beatles Anthology, al tiempo que salió el primero de tres discos dobles. Compré Anthology 1 el día que salió. Había ido con mi familia (de intercambio) de vacaciones y estábamos en Portland un día gris y lluvioso. Entramos en un mall cualquiera en el centro de la ciudad y compré mi copia. En “Free as a Bird”, la esperada nueva canción, la voz de Lennon sonaba enlatada, fantasmal, como si, en efecto, viniera del más allá; pero escuchar de nuevo esas inconfundibles y tan distintivas «armonías beatle» era muy emocionante. Dicen que el mismo Ringo exclamó cuando escucharon el resultado de una de las tomas: “It sounds just like them!”.

2

Un cuarto de siglo después del asesinato de Lennon, gracias a la producción de Jeff Lynne –amigo de George y otro de los Traveling Wilburys–, se grabó «Real Love» y se intentó grabar «Now and Then». Se cuenta que solo ‘limpiar’ las grabaciones de casete, tomaba meses y, me parece a mí, que George se aburrió.

«Free as a Bird» era una canción a la que le faltaba el coro; «Real Love» era una canción completa con un registro lo suficientemente decente como para trabajar con ella; aunque Paul sí dijo que, en el segundo tema, solo habían sido sidemen de John. En cambio, la calidad de «Now and Then» era pobre y Harrison dijo sobre ella: “It’s fucking rubbish”. McCartney respondió: “No, George: this is John!”, “It’s still fucking rubbish”. De alguna manera, George tenía razón, él mismo ha admitido que nadie le dedicaría treinta segundos de atención a cualquiera de sus demos y que quizá estos merecían el anonimato y el olvido. De su parte Paul dijo, después de que muriera George, que llamaría a Jeff Lynne, para editar la definitivamente última canción de los Beatles.

McCartney es el mejor fan que tienen los Beatles. Se ha dicho ⎯y con justicia⎯ que todos los discos post Seargent Pepper existen por su impulso y entusiasmo. Años atrás, antes de las cintas de Yoko, cuando le preguntaban si los Beatles se reunirían, McCartney contestaba: “You can’t reheat soufflé” (no se puede recalentar el suflé). Luego de 1980, para ellos tampoco era una opción la reunión de los ‘Threetles’; pero los casetes de Yoko y el hecho de que una generación nacida después de los 70 los siguiera oyendo cambió el argumento.

Las antologías presentan el trayecto de las canciones antes de que alcanzaran la forma por la que se reconocen; descubrimos la evolución del trabajo, las ideas que se probaron y descartaron. Las pistas en Beatles Anthology interesan por sí mismas: los ajustes tienen valor porque los hicieron ellos en el estudio, en ese momento. Pocas bandas (si alguna) podrían hacer lo mismo, porque no cautivan tanto como para sumergirnos en esa arqueología del gusto que son las Antologías. Es como si descubriéramos –y confirmáramos– por qué nos gustan tanto esas canciones. Solo que a los Beatles me gusta oírlos hablar, equivocarse, bromear y reír. Ellos se instalaban en la música sin puntos intermedios. Se sabe que John y Paul traían una nueva canción al estudio y George y Ringo la aprendían sobre la marcha; la grababan y, a menudo, terminaban en una sola jornada de trabajo.

3

Los Beatles no eran extraños a los estudios Twickenham. Ahí rodaron escenas de interiores para las películas –además de las fotos de las portadas– de A Hard Day’s Night y Help, y los videos promocionales de «I Feel Fine», «Ticket to Ride», «Day Tripper» y «Hey Jude».

¿Qué podía salir mal si se conocían tan bien? En el tiempo de las grabaciones de Let it Be, cuando decidieron volver a sus raíces de Hamburgo ⎯ser una banda invisible y compacta que tocaba muchas horas frente a un puñado de gente⎯, el primer resultado fue que se reencontraron con las primeras canciones que aprendieron a tocar juntos. La instrumental «The Harry Lime Theme», interpretada por John, por ejemplo, un tema de treinta años antes que se incluyó en la banda sonora de El tercer hombre. Tiene algún encanto pensar que nada menos que los Beatles, la arquetípica banda de rock, pudiera tener reservas al mostrarse tocando en vivo, sin recurrir a técnicas de estudio, solo guitarras y batería.

Los estudios están en un suburbio afluente al oeste de Londres. Debieron dar la impresión de estar más lejos en los sesenta y los stages fueron y siguen siendo hangares altos, sin ventanas y vacíos (precisamente para construir escenarios). Alguien describe como frío el Stage 1, donde grababan, además, mantener la calefacción encendida añadía ruido que era pescado por las decenas de micrófonos que se habían instalado. Al final del primer capítulo del documental de Peter Jackson, John y Paul están ensayando «Two of Us» y «Get Back». El ensayo es, al mismo tiempo, real y exagerado, como si tuvieran que actuar de forma desmedida para parecer burlescos y no mostrar lo que les preocupaba: la tarea de grabar un nuevo disco en solo semanas. A pesar del exceso, la dupla Lennon-McCartney estaba comprometida, se divierten; Ringo y George, como a menudo, eran testigos de primera fila. Habían decidido que John tocaría la primera guitarra, así que Harrison tenía que seguir su mejor intuición y conformarse con “rellenar”. Sin que se produjera otro intercambio tenso ⎯esa primera parte también muestra a Paul asegurando a George que no le indicaría qué o cómo tocar (aunque lo hacía)⎯, entonces Harrison deja su silla sin parsimonia ni prisa, se pone la chaqueta y dice:

⎯I’m leaving the band.

⎯When? ⎯pregunta Lennon.

⎯Now ⎯contesta George.

Así de clínica fue la conclusión. No hay drama, no intentan detenerlo con ruegos; pero tampoco quedan indemnes. La sesión de la tarde fue, esta sí verdaderamente, excesiva, ruidosa, distorsionada. Yoko gritaba; Paul, agazapado frente al amplificador, retroalimentaba su bajo Hoffner; Ringo golpeaba con fuerza y rápidamente toms y platos; John manoteaba acordes. Muy al estilo inglés, el resto de la tarde pretenden que no pasa nada. Tenían noticias imprecisas del amigo guitarrista. Solo al final, los Beatles aparecen en un costado, apartados de la cámara; John es el que habla, tiene cada mano sobre los hombros de sus compañeros, como si les estuviera asegurando que todo estaría bien. Al día siguiente, Paul era el más abatido; Ringo se sostenía a sí mismo y John, que estaba con Yoko día y noche, venía un poco colgado de la noche anterior.

No sin esfuerzo, el empeño da resultados y George regresa a las sesiones al cabo de unos días, ya no en Twickenham, si no en las oficinas de Apple en el centro de Londres. El 22 de enero, solo una semana antes del concierto en el techo, George trajo a Billy Preston, excelente tecladista y amigo de los tiempos de Hamburgo. Él también se instaló en la música inmediatamente. John pide que le copien las letras y los acordes, pero George sugiere “solo toquemos”. Fue lo que hicieron, y sorprendió al mismo McCartney cuando, desde el primer compás en el que interviene, Preston produce el solo de órgano eléctrico de «I’ve Got a Feeling».

Me gusta ver esas dinámicas. Si bien Paul era el hombre de las ideas y las acciones, es John quien invita a Preston a unirse a la (su) banda. Lo hace de manera casual, como si no fuera importante o no quisiera incomodarlo al presentarle una elección; pero también invitándolo exprofeso.

Esto es admirable de George Harrison. Su quiet confidence le daba la fortaleza de ánimo para traer sus canciones a la desigual competencia con compositores como Lennon & McCartney. Sabía que Billy Preston rebajaría las tensiones y que sería un buen complemento musical, solo de haberlo visto tocar con Ray Charles la víspera. Era también generoso, la carrera brillante pero regular de Preston repunta cuando su nombre se suma al de los Beatles. Había sido también idea de Harrison traer a Eric Clapton al estudio a tocar el solo en «While My Guitar Gently Wheeps» y fue una excelente propuesta, aunque Paul dijera que lo habría podido hacer el mismo George. En un punto John propuso que Billy se incorporara de manera definitiva, pero Paul no estuvo de acuerdo, ya era demasiado difícil acordar con cuatro personas y sería peor con cinco.

4

La edición de Peter Jackson del documental Get Back es excelente. El director de la primera película, Michael Lindsay-Hogg, no podía saber todo lo que las imágenes que grabó en 1969 conseguirían en 2022. La multiperspectiva de muchas cámaras y micrófonos, en el marco de ese enero en Londres, afina las características y expresiones de cada personaje y eso, sumado a la música que componían ‘frente a nuestros propios ojos’, produce una narrativa perfecta. El filme original que se llamó, como el último disco, Let it Be, es comparativamente sombrío y llano, además de que, sin perspectiva histórica, solo muestra a los Beatles desbandándose. En cambio, Jackson explota la realidad de ese pasado que, como cualquier realidad, es compleja, polisémica, emocionante y aburrida, afectada y auténtica, conmovedora y absurda.

Vemos a Paul inventar la canción «Get Back» out of thin air, mientras juega con su bajo para quemar tiempo porque John llegaba siempre tarde. Pide a sus colegas repasarla decenas de veces (en el medio John inventa el solo y Ringo el singular redoble); pero cuando tocan en vivo en el techo dos temas de John, «One After 909» –quizá la mejor presentación por cohesión y energía– y «Dig a Pony», son las mejores tomas y están en el disco. «I’ve Got a Feeling» también figura allí, pero es una composición Lennon-McCartney. Los temas de Paul «Get Back», «Let it Be», «Two of Us» se graban al abrigo del estudio.

La narración es más fuerte gracias a la nitidez de las imágenes y el sonido. La tecnología escogida por Jackson trajo un modelo capaz de hacer predicciones a partir de los registros de audio y video. Los inconvenientes de grabación se resolvieron mediante técnicas de machine-learning (proceso de inteligencia artificial) y el resultado casi nos devuelve el frío húmedo de la intemperie o la atmósfera recargada de humo de cigarrillos, pero, sobre todo, acceder a las canciones como si se hubieran grabado perfectamente desde la primera vez.

Así se rescató «Now and Then», el demo que en 1995 era inutilizable. Peter Jackson y su equipo fueron capaces de separar instrumentos y voces, era un trabajo de restauración, como quitar hollín y moho de un fresco centenario. Cada componente individual podía registrarse en una pista y el sistema MAL (machine-learning y, también el nombre del roadie Mal Evans, quien durante las sesiones de Let it Be copiaba las letras, traía bebidas, comida e interponía su metro noventa y ocho entre los Beatles y los policías que buscaban arrestarlos en la terraza) consigue algo espectacular. Por ejemplo, que la versión más lenta, taciturna del demo de John aparezca vital, un poco más acelerada, pero sin distorsión. Se ajustan los acordes y el efecto es homogéneo, como si hubieran trabajado juntos en el estudio.

5

Me decepcioné moderadamente cuando llegué a casa del viaje de Portland y descubrí que una pista de la segunda cara, «Leave My Kitten Alone», estaba dañada. A 600 kilómetros de la tienda no había mucho qué hacer; oí la canción en el disco de un amigo tiempo después. Vi los documentales que difundió ABC en la sala de la casa de California y, de regreso en Quito, en casetes de VHS la versión grabada que había presentado un canal nacional. A principios de los 2000 compré el documental en DVD y me regalaron Beatles Anthlogy el libro en gran formato y tapa dura.

En noviembre pasado, hice una maratón individual: volví a ver los documentales que reestrenó Disney+ y me volvieron a gustar. Sonaban y se veían mejor. Lo notaba particularmente en las primeras grabaciones –como «Cry For a Shadow», otra instrumental poco conocida y acreditada a Lennon-Harrison– o en los conciertos. McCartney acierta al decir que es buena fortuna encontrarse con personas con quienes se puede hablar y es más afortunado encontrarse con personas con las que se puede hacer música. Nunca sabremos cómo habrían sonado los Beatles tocando en Live Aid el medley de Abbey Road; pero los conciertos en Washington, Estocolmo, Múnich y el primer show de Ed Sullivan muestran lo bien que se conocían. En los solos George es impecable sin esfuerzo; Ringo es sólido, John y Paul cantando en armonía dan sentido al mundo que creaban.

Para mí no tiene sentido que algunos fans estén seguros de qué le hace falta al documental o a los nuevos discos para estar completos. Puede que sea para que les guste a ellos, pero eso no significa ningún aporte a la historia de los Beatles. Las versiones que se pueden ver ahora en línea, sí son más cortas, pero me parece que son ágiles y pueden interesar a alguien que no conoce a los Beatles. Encuentro ridículo que se comente que el documental aparece amputado porque se han suprimido anécdotas como cuando Paul y Pete Best quemaron un condón clavado en la pared y los acusaron de pirómanos, o el arresto de John y Yoko bajo falsos cargos de posesión de estupefacientes. He visto los documentales en DVD varias veces, puede decirse que los recuerdo más o menos bien y estoy bastante seguro de que no falta nada esencial. Es más, me parece que el viaje a Rishikesh (otra idea de George) tiene más detalles, y me gusta porque a ese viaje llevaron guitarras acústicas y de ahí nace el White Album. De regreso en Inglaterra, van a la casa de George y graban los Esher Demos, que es lo más cerca que estaremos a un desenchufado de los Beatles.

Luego del lanzamiento de «Now and Then» en 2023, un colega del trabajo se acercó a mi escritorio y me dijo: “Los Beatles sacaron un tema creado con inteligencia artificial”. Mi amigo es un acólito de la IA y, justo es decirlo, un competente usuario de esa herramienta; cuando alguien ⎯no iniciado en música beatle⎯ le pregunta de quién es tal o cual canción, él, sardónico y divirtiéndose, sin responder responde: “Esa canción la escribió dios”. ¿Dios? Yo, en mi propio fuero, me refiero a los Beatles con diminutivos, como si los conociera personalmente. Él puede ser más musulmán, o al menos no sigue al Dios de los cristianos; pero, aunque sea el Dios de Spinoza, mi colega pierde totalmente el punto. Es como si fuera 1954 y declarara: “La expedición italiana coronó el K2, pero usaron oxígeno suplementario”. ¿Y? Aunque ahora la IA consigue que los Beatles toquen “Communication Breakdown” mejor que Led Zeppelin, no creo que quiera decir que la creatividad esté menoscabada.

A John Lennon le habría gustado escribir más canciones, volver a las giras, ver crecer a su hijo, quería seguir vivo. Yo pienso que los demos que grababa en su casa marcaban el deseo de avanzar en esa dirección. Si veinte o cincuenta años después los mejores amigos que tuvo usan esa grabación para mantener viva la memoria de la banda más influyente en la historia de la música, los medios son mucho menos relevantes.

Bolívar Lucio, sociólogo y politólogo, editor, traductor, productor de contenidos y escritor freelance. En Londres fue seleccionado como tallerista del proyecto Invisible Presence, que reunió escritores latinos residentes en Reino Unido y que participaron en sesiones de interculturalidad, creación, traducción, narrativa y poesía. Ganador del premio nacional de cuento, del Ministerio de Cultura de Ecuador, por su libro Salir de la Isla